King Ivory (2024): John Swab y Ben Foster revelan el infierno del fentanilo en Oklahoma

Ben Foster interpreta uno de los papeles en este thriller criminal de acción – el de un matón de una banda familiar irlandesa en Estados Unidos. Además de los irlandeses, en este lío participan carteles de nativos americanos locales, mexicanos y, por supuesto, policías. Los personajes son numerosos y al principio es difícil acostumbrarse. Pero la acción avanza lenta y pausadamente, para que el espectador pueda adaptarse al ritmo.
Rey Marfil es uno de los nombres del fentanilo, una droga moderna que supuestamente es más fuerte que la heroína y completamente indetectable en la frontera. El drama sigue la tradición de «Traffic» de Steven Soderbergh, aunque no es tan profundamente artístico y poético. El propio director John Swab conoce bien los efectos de la droga, porque (como leí en varios lugares) lleva 9 años sin «meterse». Lo acusan de ser predecible, cliché y bidimensional. No sé, puede que sea así, pero yo lo vi hasta el final, y eso rara vez me pasa últimamente. Así que, ¿acaso las abuelas de los críticos solo vieron películas originales y creativas?
La historia personal detrás de la cámara
John Swab no es simplemente otro director intentando capitalizar el tema candente de la crisis de opioides en Estados Unidos. Su octava película como director lleva consigo el peso de una década de adicción personal a los opiáceos, experiencia que terminó justo cuando el fentanilo comenzaba a infiltrarse en las calles estadounidenses. «King Ivory es, con diferencia, la película más personal de mi carrera», declaró Swab en el Festival de Cine de Venecia, según reporta The Hollywood Reporter.
El cineasta de Tulsa pasó meses investigando para el guion, sumergiéndose en un mundo que conocía demasiado bien pero del que necesitaba distanciarse para poder retratarlo objetivamente. Entrevistó a familias de adictos, drogadictos activos, funcionarios gubernamentales, policías, migrantes traficados, criminales, miembros de carteles y prisioneros. Esta inmersión profunda le permitió comprender todas las perspectivas de esta guerra interminable contra las drogas, creando un retrato multifacético que va más allá de los estereotipos habituales del género.
Contenido
- La historia personal detrás de la cámara
- Tulsa: Un campo de batalla inesperado
- Un reparto estelar para una historia descarnada
- Narrativas entrelazadas: La estructura de un ecosistema criminal
- Detrás de cámaras: Una producción contra reloj
- Recepción crítica: Entre el reconocimiento y las comparaciones
- El mensaje social: Una epidemia sin fronteras
La autenticidad que impregna cada fotograma de la película no es casualidad. Swab conoce íntimamente las calles de Tulsa donde filmó, los callejones donde se realizan las transacciones, las casas de seguridad donde se almacena la droga. Esta familiaridad le otorga a la película una crudeza documental que pocos thrillers sobre drogas logran capturar.
Tulsa: Un campo de batalla inesperado
La elección de Tulsa, Oklahoma, como escenario principal no es fortuita. Esta ciudad de tamaño medio en el corazón de Estados Unidos se ha convertido en uno de los nuevos epicentros del tráfico de fentanilo, una realidad que Swab conoce de primera mano. El director de fotografía Will Stone, quien colaboró con Swab en cuatro películas, describe la ciudad como un lugar de contrastes extremos: «Hay una enorme dicotomía en la distribución de la riqueza. Está el viejo dinero del petróleo, con algunas de las propiedades y casas más masivas en barrios realmente hermosos. Y luego, si vas a cierta parte de la ciudad, es casi como un país del tercer mundo», revela Stone en una entrevista con The Credits.
| Locación principal | Tulsa, Oklahoma |
| Período de rodaje | Verano de 2023 |
| Presupuesto | Menos de $7.5 millones |
| Duración del rodaje | Aproximadamente 5 semanas (con interrupción por huelga) |
Durante el rodaje, el equipo capturó imágenes impactantemente reales. Stone relata una experiencia particularmente reveladora: «Tomamos una cámara y fuimos a una gasolinera a una cuadra de donde estábamos filmando. Y había probablemente cinco o seis personas en el estacionamiento inyectándose y fumando metanfetamina». Esta proximidad a la realidad que intentaban retratar añade una capa adicional de urgencia y autenticidad a la narrativa.
Un reparto estelar para una historia descarnada
El casting de King Ivory reúne a algunos de los actores más respetados del cine independiente estadounidense, cada uno aportando una intensidad particular a sus personajes complejos y moralmente ambiguos. Ben Foster, conocido por sus interpretaciones viscerales en películas como «Hell or High Water», interpreta a George «Smiley» Greene, un asesino a sueldo recientemente liberado de prisión que habla a través de un electrolarinx. Su actuación, descrita por críticos como «inquietantemente cortés mientras comete actos de violencia brutal», es uno de los puntos más destacados de la película, según reporta Next Best Picture.
James Badge Dale encarna a Layne West, un detective de narcóticos de élite cuya cruzada personal contra el fentanilo se complica cuando descubre que su propio hijo adolescente, Jack (interpretado por el debutante Jasper Jones), se ha vuelto adicto. Esta ironía trágica, aunque algunos críticos la consideran predecible, añade una dimensión emocional que eleva la película por encima del thriller de acción promedio.
Melissa Leo, ganadora del Oscar, interpreta a Ginger Greene, la matriarca de la familia criminal irlandesa. Su actuación como una madre feroz que protege los intereses de su clan criminal ha sido elogiada por su dureza y autenticidad. «Melissa trae una energía cruda y sin compromisos al papel», comentó John Swab durante la promoción en Venecia.
Michael Mando, reconocido por su trabajo en «Better Call Saul», da vida a Ramón Garza, el lugarteniente del cartel mexicano que orquesta las operaciones de contrabando a través de la frontera. Graham Greene, veterano actor de ascendencia nativa americana, interpreta a Holt Lightfeather, el jefe de la Hermandad India que controla el tráfico estatal desde la penitenciaría de Oklahoma.
Narrativas entrelazadas: La estructura de un ecosistema criminal
La película emplea una estructura narrativa similar a «Traffic» de Steven Soderbergh, tejiendo múltiples historias que eventualmente convergen en un clímax explosivo. Esta aproximación permite a Swab explorar la crisis del fentanilo desde diversos ángulos, creando lo que los críticos han descrito como «un ecosistema gigante basado en drogas que afecta las vidas de todos, sin importar raza o clase», según reporta Next Best Picture.
| Línea narrativa | Protagonistas y conflicto |
| Aplicación de la ley | Layne West lucha contra el tráfico mientras su hijo se vuelve adicto |
| Traficantes | Ramón Garza negocia territorio con carteles nativos americanos |
| Ejecutores | Smiley Greene y su familia eliminan rivales para la Hermandad India |
La intersección de estas historias no es meramente estructural; cada encuentro entre personajes revela las complejas dinámicas de poder, supervivencia y desesperación que alimentan el comercio de fentanilo. El editor Andrew Aaronson logra mantener un ritmo frenético que nunca permite al espectador relajarse, creando una sensación constante de peligro inminente.
Detrás de cámaras: Una producción contra reloj
La producción de King Ivory enfrentó desafíos únicos, comenzando con la huelga de SAG-AFTRA que interrumpió el rodaje durante cinco días. El equipo trabajaba contrarreloj para completar la película antes del paro laboral, convirtiéndose en una de las primeras producciones en recibir un acuerdo provisional para continuar filmando. «Estábamos tratando de terminar la película antes del paro laboral, y cuando nuestro acuerdo no fue aprobado, cerramos durante cinco días», explicó James Badge Dale a Deadline.
El estilo de filmación fue deliberadamente crudo y documental. Will Stone y John Swab optaron por un enfoque de cámara en mano con dos unidades trabajando simultáneamente, creando una energía cinética que refleja el caos del mundo que retratan. La decisión de filmar en locaciones reales de Tulsa, muchas de ellas en barrios peligrosos sin aire acondicionado durante el sofocante verano de Oklahoma, añadió una capa adicional de autenticidad pero también de dificultad para el equipo.
Jeremy M. Rosen, productor y colaborador frecuente de Swab, describió la experiencia como «la culminación de nuestros esfuerzos hasta la fecha». Su empresa, Roxwell Films, ha producido siete largometrajes en cinco años, estableciendo Tulsa como un centro de producción viable para el cine independiente. «Podemos cerrar el centro de Tulsa y tener un tiroteo con ametralladoras un domingo por la tarde por $100. ¡No puedes hacer eso en ningún otro lugar!», bromea Rosen en Variety.
Recepción crítica: Entre el reconocimiento y las comparaciones
King Ivory tuvo su estreno mundial en la sección Orizzonti Extra del Festival de Cine de Venecia 2024, marcando la primera vez que una película de Swab se proyectaba en el prestigioso festival italiano. Las críticas han sido mixtas pero generalmente positivas, con muchos elogiando la autenticidad y la energía cruda de la película mientras señalan sus limitaciones narrativas.
The Hollywood Reporter calificó la película como «efectiva» y «dura», destacando su «visión inflexiblemente sombría del dominio del fentanilo en Estados Unidos». The Playlist la describió como «intensa y atractiva», «una sorpresa formidable», comparándola favorablemente con Traffic. Sin embargo, Screen International fue más crítica, señalando que aunque la película es «de alto octanaje», rara vez es «sorprendente», con tiroteos intensos que eclipsan las percepciones más profundas.
La comparación constante con «Traffic» de Soderbergh es tanto una bendición como una maldición para la película. Mientras algunos críticos aprecian el homenaje y la actualización del formato para la era del fentanilo, otros sienten que la película sufre por la comparación, careciendo de la profundidad poética y dramática de su predecesora. «Es una copia al carbón de ‘Traffic’ de Soderbergh, donde actualizaron la heroína por fentanilo para adaptar la historia a los tiempos modernos», escribió un crítico en Letterboxd.
Más allá de sus méritos como thriller de acción, King Ivory aspira a ser un comentario social sobre la crisis de opioides que actualmente devasta a Estados Unidos. El título mismo, uno de los nombres callejeros del fentanilo, sugiere la ironía mortal de una sustancia que es simultáneamente valiosa como el marfil y devastadora en sus efectos.
La película no ofrece soluciones fáciles ni finales esperanzadores. Como señala un personaje en la película, citado por The Hollywood Reporter: «Los carteles quieren a tus hijos, la próxima generación, que quiere lo nuevo, y el fentanilo es nuevo». Esta observación escalofriante subraya la naturaleza cíclica e interminable de la guerra contra las drogas, donde cada victoria es temporal y cada derrota es permanente.
John Swab espera que la película tenga un impacto real en las audiencias. «Espero que golpee fuerte a la gente y les haga darse cuenta de que podría ser cualquier persona que conocen la que esté usando y que necesitan ayuda», declaró Will Stone, reflejando el sentimiento del director. La decisión de mostrar la crisis desde múltiples perspectivas – policías, traficantes, adictos, familias – busca humanizar a todos los involucrados mientras expone la futilidad del enfoque actual hacia el problema.
La película está programada para su estreno teatral en Estados Unidos a finales de 2025, distribuida por Saban Films y Roadside Attractions. Además, se encuentra en desarrollo temprano una serie de televisión basada en la película, con Michael Mando presentando el proyecto a ejecutivos de televisión, incluyendo a Jeff Frost, ex jefe de Sony Pictures TV.
King Ivory representa tanto un logro personal para John Swab como un recordatorio urgente de una crisis que continúa cobrando vidas diariamente. Aunque puede que no alcance las alturas artísticas de «Traffic», su compromiso con la autenticidad y su voluntad de confrontar verdades incómodas la convierten en una adición valiosa al género del thriller criminal. En una era donde el fentanilo se ha convertido en la principal causa de muerte por sobredosis en Estados Unidos, películas como King Ivory sirven como testimonios necesarios, aunque imperfectos, de una guerra que parece no tener fin a la vista.
